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Mi primer y único maratón


Por : Freddy Uquillas Granados. -


     Nunca pensé que la adrenalina era capaz de hacer tanto. Registrar 56 minutos y unos tantos segundos más en ese maratón de 10K fue para mi una Gran Victoria. Esa bendita hormona, importante neurotransmisor del sistema nervioso y capaz de dar una respuesta inmediata a  cualquier estímulo, me hizo bajar de 1 hora que usualmente corría en esa distancia.

     Más de ochocientos corredores participaron en el maratón de FundaParkinson en esa edición. Una detonación explosiva nos anunció la partida de la carrera. Debo confesar que todos los competidores salían a su máxima velocidad, como toro de casta en corrida cuando sale al ruedo. Automáticamente era inevitable en ese momento no correr al 100 por ciento. Sin embargo, en la medida en que pasaban los metros de competencia, entendí, que se debía establecer control en el ritmo de carrera para poder llegar a la meta.

     La inexperiencia se hacía una experiencia y mientras mi corazón latía rápidamente, miraba a mi alrededor y veía cómo muchos corredores pasaban y yo me quedaba, mientras mi paso se hacía más lento. Me preguntaba quién lo hacía mejor, yo que controlaba mi paso para hacerlo rendir hasta el final, o el participante que pasaba a un ritmo más veloz y corría con el riesgo de cansarse a mitad de camino. Pues, todo en realidad dependía de tu entrenamiento y tu estrategia de carrera. Así tal cual, la experiencia en un maratón, hace la diferencia. De eso me di cuenta.

     Había un sol mañanero y radiante ese día. Y mi espíritu estaba totalmente preparado para vivir y sentir ese flujo de emociones que no sé describir ahora. Mucha expectativa, ansiedad, felicidad, nervios y miedo me embriagaban durante el recorrido. Como toda primera vez, había cosas de las cuales me iba haciendo consciente. Por ejemplo, las mujeres muchas veces, corren más que nosotros los hombres, cosas como estas que parecen estúpidas, pero que en ese momento pasan por tu mente.

     Y a propósito de esa diferencia de género que alumbró mi pensamiento, mientras corría, escucho una voz femenina que me dice: ¡colega, colega, colega! Y yo volteo mi rostro a la derecha y veo a Rosa, una señora muy sonriente y con un equilibrio notable en su respiración y su ritmo de carrera. En ese momento me sorprendió y le dije: ¡colega!, en medio de mi dificultad para respirar y mantener un ritmo apropiado. Ella me animó a continuar, diciéndome algunas palabras motivadoras y yo le hice caso, al mismo tiempo que me concentraba en no dejarme pasar por ella, que vergüenza, pensaba.

     Rosa, periodista y colega iba junto a mi, con sus zapatillas bien puestas y las cuales evidenciaban la tenencia de un harto kilometraje. Era indudable su experiencia en estos escenarios y  su capacidad cardiovascular para la distancia. A pesar de que por mi cabeza continuaban los reiterados pensamientos de que era mujer y mi concepto machista de que por ser mujer sería fácil ganarle. No obstante, no fue así.

     Les cuento, que todo fue una farsa en mi suposición de los minutos que vendrían. Esperé un pequeño repecho y luego una avenida muy larga en donde pensé que podría ganar ventaja. Si, así fue, me fui, saqué ventaja y me sentí grande y poderoso de pasar a mi rival con la esperanza de que me mantendría en la misma posición. Al llegar a la avenida Libertador, otro de los largos trayectos, veo que Rosa se adelantaba, como en cámara lenta, corría con esas piernas que le daban para un remate en los últimos metros. Mientras que yo, la veía alejarse cada vez más.

     Mi cuerpo ya se movía por inercia. Mis piernas solo podían avanzar con una fuerza de reserva que escasamente me darían para llegar a la meta. Nunca me imaginé que era así. Vi la línea final y el tiempo en una pantalla digital;  y mi última zancada atravesó la línea. Un poco de mareo por el esfuerzo, me hicieron agarrarme de una mesa dispuesta para los plátanos y mandarinas. A los minutos después tomé agua y me recuperé.

CORRER NO ES CUALQUIER COSA

     En realidad, correr no es cualquier cosa. ¿Sabes cuánto tiempo entrené para esta carrera? No lo hice de manera profesional. Mi intención siempre fue llegar a la meta sin parar. Y sin embargo, mi entrenamiento fue muy planificado a lo largo de 11 meses. 

     Recuerdo que mi entrenamiento comenzó con 20 min de trote suave tres veces a la semana. Y en la medida que pasaban las semanas, aumentaba el tiempo y  la distancia. Muy progresivamente iba mejorando mi condicionamiento físico y siempre con el cuidado de no lesionarme.

     Llegué a correr hasta 40 min en cada sesión diaria y un día a la semana hacía un trote de una hora de tiempo, calculando que en ese tiempo podría hacer 10 kilómetros. Y todo esto lo acompañé de otros ejercicios de preparación y de estiramiento físico.

     Atreverme a hacer esta carrera fue una inolvidable experiencia. Si deseas alguna vez en tu vida correr en un maratón, sólo te aconsejo disciplina en entrenamiento, constancia y te aseguro, llegarás a la meta, como llegué yo.

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